Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Pues lo vas a saber cuando te haya contado lo que sucedió al dÃa siguiente.
Entonces Elizabeth le habló de la carta, repitiéndole todo su contenido en lo que sólo a George Wickham se referÃa. Fue un duro golpe para la pobre Jane. HabrÃa dado la vuelta al mundo sin sospechar que en todo el género humano pudiese caber tanta perversidad como la que encerraba aquel único individuo. Ni siquiera la justificación de Darcy, por muy grata que le resultara, bastaba para consolarla de semejante revelación. Intentó con todas sus fuerzas sostener que podÃa haber algún error, tratando de defender al uno sin inculpar al otro.
―No te servirá de nada ―le dijo Elizabeth―; nunca podrás decir que los dos son buenos. Elige como quieras; pero o te quedas con uno o con otro. Entre los dos no reúnen más que una cantidad de méritos justita para un solo hombre decente. Ya nos hemos engañado bastante últimamente. Por mi parte, me inclino a creer todo lo que dice Darcy; tú verás lo que decides.