Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¡Que ya nos ha acarreado! ―exclamó el señor Bennet―. ¿Ha ahuyentado a alguno de tus pretendientes? ¡Pobre Lizzy! Pero no te aflijas. Esos jóvenes tan delicados que no pueden soportar tales tonterÃas no valen la pena. Ven, dime cuáles son los remilgados galanes a quienes ha echado atrás la locura de Lydia.