Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio Por la tarde la tía y la sobrina acordaron que una atención tan extraordinaria como la de la visita de la señorita Darcy el mismo día de su llegada a Pemberley ―donde había llegado poco después del desayuno debía ser correspondida, si no con algo equivalente, por lo menos con alguna cortesía especial. Por lo tanto, decidieron ir a visitarla a Pemberley a la mañana siguiente. Elizabeth se sentía contenta, a pesar de que cuando se preguntaba por qué, no alcanzaba a encontrar una respuesta.
Después del desayuno, el señor Gardiner las dejó. El ofrecimiento de la pesca había sido renovado el día anterior y le habían asegurado que a mediodía le acompañaría alguno de los caballeros de Pemberley.