Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¡Oh, Lydia, qué inconsciente! ¡Qué inconsciente! ―exclamó Elizabeth al acabar de leer―. ¡Qué carta para estar escrita en semejante momento! Pero al menos parece que se tomaba en serio el objeto de su viaje; no sabemos a qué puede haberla arrastrado Wickham, pero el propósito de Lydia no era tan infame. ¡Pobre padre mÃo! ¡Cuánto lo habrá sentido!
―Nunca vi a nadie tan abrumado. Estuvo diez minutos sin poder decir una palabra. Mamá se puso mala en seguida. ¡HabÃa tal confusión en toda la casa!
―¿Hubo algún criado que no se enterase de toda la historia antes de terminar el dÃa?
―No sé, creo que no. Pero era muy difÃcil ser cauteloso en aquellos momentos. Mamá se puso histérica y aunque yo la asistà lo mejor que pude, no sé si hice lo que debÃa. El horror de lo que habÃa sucedido casi me hizo perder el sentido.
―Te has sacrificado demasiado por mamá; no tienes buena cara. ¡Ojalá hubiese estado yo a tu lado! Asà habrÃas podido cuidarte tú.