Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Presumo que ese es el único punto en el que no estamos de acuerdo. Siempre deseé coincidir contigo en todo, pero en esto difiero, porque nuestras dos hijas menores son tontas de remate.
Mi querido señor Bennet, no esperarás que estas niñas .tengan tanto sentido como sus padres. Cuando tengan nuestra edad apostarÃa a que piensan en oficiales tanto como nosotros. Me acuerdo de una época en la que me gustó mucho un casaca roja, y la verdad es que todavÃa lo llevo en mi corazón. Y si un joven coronel con cinco o seis mil libras anuales quisiera a una de mis hijas, no le dirÃa que no. Encontré muy bien al coronel Forster la otra noche en casa de sir William.
―Mamá ―dijo Lydia, la tÃa dice que el coronel Forster y el capitán Carter ya no van tanto a casa de los Watson como antes. Ahora los ve mucho en la biblioteca de Clarke.
La señora Bennet no pudo contestar al ser interrumpida por la entrada de un lacayo que traÃa una nota para la señorita Bennet; venÃa de Netherfield y el criado esperaba respuesta. Los ojos de la señora Bennet brillaban de alegrÃa y estaba impaciente por que su hija acabase de leer.
―Bien, Jane, ¿de quién es?, ¿de qué se trata?, ¿qué dice? Date prisa y dinos, date prisa, cariño.