Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio El señor Darcy volvió puntualmente y, como Lydia os dijo, asistió a la boda. Comió con nosotros al dÃa siguiente. Se disponÃa a salir de Londres el miércoles o el jueves. ¿Te enojarás conmigo, querida Lizzy, si aprovecho esta oportunidad para decirte lo que nunca me habrÃa atrevido a decirte antes, y es lo mucho que me gusta Darcy? Su conducta con nosotros ha sido tan agradable en todo como cuando estábamos en Derbyshire. Su inteligencia, sus opiniones, todo me agrada. No le falta más que un poco de viveza, y eso si se casa juiciosamente, su mujer se lo enseñará. Me parece que disimula muy bien; apenas pronunció tu nombre. Pero se ve que el disimulo está de moda.
Te ruego que me perdones si he estado muy suspicaz, o por lo menos no me castigues hasta el punto de excluirme de Pemberley. No seré feliz del todo hasta que no haya dado la vuelta completa a la finca. Un faetón bajo con un buen par de jacas serÃa lo ideal.
No puedo escribirte más. Los niños me están llamando desde hace media hora.
Tuya afectÃsima,
M. Gardiner.