Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Supongo que algún conocido suyo, querida; no le conozco.
―¡Oh! ― exclamó Catherine―. Parece aquel señor que antes estaba con él. El señor... ¿cómo se llama? Aquel señor alto y orgulloso.
―¡Santo Dios! ¿El señor Darcy? Pues sÃ, es él. Bueno; cualquier amigo del señor Bingley será siempre bienvenido a esta casa; si no fuera por eso... No puedo verle ni en pintura.