Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―¿Cómo puedes ser tan tonta? exclamó su madre―. ¿Cómo se te puede ocurrir tal cosa? ¡Con el barro que hay! ¡LlegarÃas hecha una facha, no estarÃas presentable!
―EstarÃa presentable para ver a Jane que es todo lo que yo deseo.
―¿Es una indirecta para que mande a buscar los caballos, Lizzy? ―dijo su padre.
―No, en absoluto. No me importa caminar. No hay distancias cuando se tiene un motivo. Son sólo tres millas. Estaré de vuelta a la hora de cenar.
―Admiro la actividad de tu benevolencia ―observó Mary―; pero todo impulso del sentimiento debe estar dirigido por la razón, y a mi juicio, el esfuerzo debe ser proporcional a lo que se pretende.
―Iremos contigo hasta Meryton ―dijeron Catherine y Lydia. Elizabeth aceptó su compañÃa y las tres jóvenes salieron juntas.
―Si nos damos prisa ―dijo Lydia mientras caminaba―, tal vez podamos ver al capitán Carter antes de que se vaya.