Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Voy a ver al instante a mamá ―dijo―. No puedo ignorar su afectuosa solicitud ni permitir que se entere por otra persona. Él acaba de ir a hablar con papá. ¡Oh, Lizzy! Lo que voy a decir llenará de alegrÃa a toda la familia. ¿Cómo podré resistir tanta dicha?
Se fue presurosamente en busca de su madre que habÃa suspendido adrede la partida de cartas y estaba arriba con Catherine.
Elizabeth se quedó sonriendo ante la facilidad y rapidez con que se habÃa resuelto un asunto que habÃa causado tantos meses de incertidumbre y de dolor.
«¡He aquà en qué ha parado ―se dijo― la ansiosa circunspección de su amigo y toda la falsedad y las tretas de sus hermanas! No podÃa darse un desenlace más feliz, más prudente y más razonable.»
A los pocos minutos entró Bingley, que habÃa terminado su corta conferencia con el señor Bennet. ―¿Dónde está su hermana? ―le dijo al instante de abrir la puerta.
―Arriba, con mamá. Creo que bajará en seguida.