Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Te felicito, Jane. Serás una mujer muy feliz. Jane corrió hacia su padre, le dio un beso y las gracias por su bondad.
―Eres una buena muchacha ―añadió el padre― y mereces la suerte que has tenido. Os llevaréis muy bien. Vuestros caracteres son muy parecidos. Sois tan complacientes el uno con el otro que nunca resolveréis nada, tan confiados que os engañará cualquier criado, y tan generosos que siempre gastaréis más de lo que tengáis.
―Eso sà que no. La imprudencia o el descuido en cuestiones de dinero serÃa imperdonable para mÃ. ―¡Gastar más de lo tenga! ―exclamó la señora Bennet―. ¿Qué estás diciendo? Bingley posee cuatro o cinco mil libras anuales, y puede que más. Después, dirigiéndose a su hija, añadió:
¡Oh, Jane, querida, vida mÃa, soy tan feliz que no voy a poder cerrar ojo en toda la noche! Ya sabÃa yo que esto llegarÃa; siempre dije que al final se arreglarÃa todo. Estaba segura de que tu hermosura no iba a ser en balde. Recuerdo que en cuanto lo vi la primera vez que llegó a Hertfordshire, pensé que por fuerza tenÃais que casaros. ¡Es el hombre más guapo que he visto en mi vida!