Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Me lo figuraba. Pero ¿cómo se explica?
―Debe de haber sido cosa de sus hermanas. La verdad es que no querÃan saber nada conmigo, cosa que no me extraña, pues Bingley hubiese podido encontrar algo mejor desde todos los puntos de vista. Pero cuando vean, como supongo que verán, que su hermano es feliz a mi lado, se contentarán y volveremos a ser amigas, aunque nunca como antes.
―Esto es lo más imperdonable que te he oÃdo decir en mi vida ―exclamó Elizabeth―. ¡Infeliz! Me irrita de veras que creas en la pretendida amistad de la señorita Bingley.
―¿Creerás, Elizabeth, que al irse a la capital el pasado noviembre me amaba de veras y sólo la certeza de que me era indiferente le impidió volver?
―Se equivocó un poquito, en realidad; pero esto habla muy en favor de su modestia.
Esto indujo a Jane, naturalmente, a hacer un panegÃrico de la falta de presunción de su novio y del poco valor que daba a sus propias cualidades.
Elizabeth se alegró de que no hubiese traicionado a su amigo hablándole de la intromisión de éste, pues a pesar de que Jane poseÃa el corazón más generoso y propenso al perdón del mundo, esto podÃa haber creado en ella algún prejuicio contra Darcy.