Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Señor Darcy, soy una criatura muy egoÃsta que no me preocupo más que de mis propios sentimientos, sin pensar que quizá lastimarÃa los suyos. Pero ya no puedo pasar más tiempo sin darle a usted las gracias por su bondad sin igual para con mi pobre hermana. Desde que lo supe he estado ansiando manifestarle mi gratitud. Si mi familia lo supiera, ellos también lo habrÃan hecho.
―Siento muchÃsimo ―replicó Darcy en tono de sorpresa y emoción― que haya sido usted informada de una cosa que, mal interpretada, podÃa haberle causado alguna inquietud. No creà que la señora Gardiner fuese tan poco reservada.
―No culpe a mi tÃa. La indiscreción de Lydia fue lo primero que me descubrió su intervención en el asunto; y, como es natural, no descansé hasta que supe todos los detalles. Déjeme que le agradezca una y mil veces, en nombre de toda mi familia, el generoso interés que le llevó a tomarse tanta molestia y a sufrir tantas mortificaciones para dar con el paradero de los dos.
―Si quiere darme las gracias ―repuso Darcy―, hágalo sólo en su nombre. No negaré que el deseo de tranquilizarla se sumó a las otras razones que me impulsaron a hacer lo que hice; pero su familia no me debe nada. Les tengo un gran respeto, pero no pensé más que en usted.