Orgullo y prejuicio
Orgullo y prejuicio ―Ahora sà soy feliz del todo ―dijo―, porque tú vas a serlo tanto como yo. Siempre he sentido gran estimación por Darcy. Aunque no fuera más que por su amor por ti, ya le tendrÃa que querer; pero ahora que además de ser el amigo de Bingley será tu marido, sólo a Bingley y a ti querré más que a él. ¡Pero qué callada y reservada has estado conmigo! ¿Cómo no me hablaste de lo que pasó en Pemberley y en Lambton? Lo tuve que saber todo por otra persona y no por ti.
Elizabeth le expuso los motivos de su secreto. No habÃa querido nombrarle a Bingley, y la indecisión de sus propios sentimientos le hizo evitar también el nombre de su amigo. Pero ahora no quiso ocultarle la intervención de Darcy en el asunto de Lydia. Todo quedó aclarado y las dos hermanas se pasaron hablando la mitad de la noche.
―¡Ay, ojalá ese antipático señor Darcy no. venga otra vez con nuestro querido Bingley! ―suspiró la señora Bennet al asomarse a la ventana al dÃa siguiente―. ¿Por qué será tan pesado y vendrá aquà continuamente? Ya podrÃa irse a cazar o a hacer cualquier cosa en lugar de venir a importunarnos. ¿Cómo podrÃamos quitárnoslo de encima? Elizabeth, tendrás que volver a salir de paseo con él para que no estorbe a Bingley.