Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon La cima donde se habían quedado era un lugar agradable. Volvió Louisa. Y Mary, hallando asiento cómodo en una escalera pasadera, se sintió satisfecha mientras los demás estuvieron de pie a su lado; pero cuando Louisa se llevó al capitán Wentworth para coger avellanas de un seto cercano, y los fue perdiendo poco a poco de vista y de oído, se le acabó el «buen humor»: se quejó de su asiento, estaba segura de que Louisa había encontrado otro mucho mejor en algún sitio, y nada pudo impedir que se pusiese a buscar otro mejor ella también. Se metió por la misma entrada… pero no consiguió verlos. Anne le encontró un sitio ideal donde sentarse, un banco seco y soleado al pie del seto por el que aún debían de andar ellos. Mary se sentó un momento, pero no la convenció: estaba segura de que Louisa había encontrado otro mejor; así que continuaría hasta alcanzarla.
Anne, cansada de verdad, se alegró de sentarse; y poco después oyó al capitán Wentworth y a Louisa al otro lado del seto, que regresaban por el centro de una especie de acequia rudimentaria. Venían hablando. Primero distinguió la voz de Louisa. Parecía a mitad de un encendido discurso. Lo primero que oyó Anne fue: