Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Mientras el capitán Wentworth y Harville llevaban el peso de la conversación en un lado de la estancia, y rememoraban tiempos pasados contando multitud de anécdotas para entretener a los demás, a Anne le habÃa tocado sentarse al lado del capitán Benwick; y un impulso de su naturaleza bondadosa la obligó a trabar conversación con él. Era tÃmido y propenso a quedarse callado; pero la atractiva dulzura del rostro de ella y la bondad de su expresión hicieron pronto efecto; y Anne vio compensado su esfuerzo. Era, desde luego, un joven de considerable gusto por la lectura, sobre todo por la poesÃa. Y Anne, además de estar convencida de que al menos le brindaba esta noche ocasión de hablar de temas en los que sus compañeros no tenÃan probablemente el menor interés, tuvo la esperanza de serle útil sugiriéndole el deber y el beneficio de luchar contra la aflicción, como hizo de manera natural a lo largo de la conversación. Porque aunque tÃmido, no le veÃa reservado; más bien parecÃa alegrarse de romper su habitual reserva. Y después de hablar de poesÃa, de su esplendor en la época actual, y de contrastar sus opiniones sobre los grandes poetas, dilucidando si debÃa ponerse en primer lugar Marmion o La dama del lago, y qué sitio le correspondÃa al Giaour y a La novia de Abydos, e incluso cómo debÃa pronunciarse Giaour, el capitán Benwick demostró conocer de tal modo los cantos más tiernos de uno de los poetas, y la apasionada descripción de la angustia sin esperanza del otro, y recitó con tan trémula emoción varios poemas que revelaban un corazón deshecho o un espÃritu destrozado por la desventura, que Anne se atrevió a aconsejarle que no leyese sólo poesÃa, y a decirle que era triste el destino de la poesÃa, ser raramente disfrutada sin peligro por los que la disfrutaban completamente; y que los hondos sentimientos capaces de estimarla verdaderamente eran los mismos sentimientos que debÃan saborearla con moderación.