Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Después de acompañar a Louisa a su recado, y deambular un poco más, regresaron a la posada; y al dirigirse Anne rápidamente de su habitación al comedor estuvo a punto de tropezar con ese mismo caballero, que salía de una habitación contigua. Anne había imaginado antes que era forastero como ellos, y que debía de ser su criado el apuesto mozo de cuadra que habían visto por los alrededores de las dos posadas cuando volvían. A esta idea de que eran amo y criado contribuía el hecho de que fueran de luto los dos. Ahora vio confirmado que se hospedaban en la misma posada que ellos. Y este segundo encuentro, aunque breve, probó también, por la actitud del caballero, que le parecía una belleza; y por la presteza y corrección de sus disculpas, que era hombre de educación exquisita. Representaba unos treinta años y, aunque no guapo, su persona resultaba agradable. Anne pensó que le gustaría saber quién era.
Casi habían terminado de desayunar, cuando un ruido de carruaje —casi el primero que oían desde que estaban en Lyme— atrajo a la mitad del grupo a la ventana. «Era el coche de un caballero; un cabriolé de dos caballos; pero sólo venía de la cochera a la puerta principal. Alguien que se va. Lo conducía un criado vestido de luto».