Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Pero ahora, otra preocupación y solicitud venía a sumarse a las citadas. Su padre empezaba a tener problemas de dinero. Ella sabía que al asumir ahora la dignidad de baronet, debía apartar del pensamiento las pesadas deudas de sus mercaderes y las desagradables indicaciones de su apoderado el señor Shepherd. La propiedad de Kellynch era buena, pero no suficiente para sufragar el boato que a juicio de sir Walter se exigía a su poseedor. Mientras vivió lady Elliot, había habido un método, una moderación y una economía que habían mantenido a sir Walter dentro de los límites de sus rentas; pero con su muerte había desaparecido ese sentido de la prudencia, y desde ese momento habían ido en aumento sus excesos. No le había sido posible contener los gastos; sir Walter Elliot no había hecho sino lo que se sentía llamado imperiosamente a hacer; pero aunque no tenía la culpa, no sólo iba contrayendo deudas cada vez más gravosas, sino que empezaba a oír hablar de ellas tan a menudo que dejó de tener sentido tratar de ocultárselas más tiempo, siquiera parcialmente, a su hija. En la última primavera, en la capital, le había llegado a insinuar algo al respecto; incluso le llegó a preguntar:
—¿Podemos reducir gastos? ¿Se te ocurre algún capítulo en el que podamos economizar?