Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Entretanto, estaba ya en el coche. El capitán Wentworth las había ayudado a subir, y se había sentado entre las dos; y así fue como Anne, en unas circunstancias que la llenaban de asombro y de emoción, abandonó Lyme. No se atrevía a imaginar cómo transcurriría la larga jornada, cómo iba a afectar a sus actitudes respectivas, cuál iba a ser la relación entre los dos. Sin embargo, se desarrolló de manera totalmente natural. Él iba pendiente de Henrietta, volviéndose a cada momento hacia ella; y cuando hablaba, lo hacía siempre con intención de sostener sus esperanzas y levantarle el ánimo. En general, su voz y su actitud eran deliberadamente serenas. Todo su interés estaba en ahorrarle inquietudes a Henrietta. Sólo una vez, al lamentar ella el malhadado paseo al Cobb, y deplorar amargamente habérseles ocurrido, exclamó, completamente abrumado al parecer:
—No hablemos de eso, no hablemos de eso. ¡Dios mío! ¡Por qué habré cedido en ese momento fatídico! ¡Por qué no habré hecho lo que debía! ¡Pero estaba tan firme y decidida! ¡Dulce, querida Louisa!