Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —A decir verdad, mi querida amiga, no necesito ninguna —exclamó Anne— No me has dicho nada que contradiga la impresión que tenÃa yo del señor Elliot hace unos años. Más bien confirma lo que oÃamos y pensábamos. Lo que sà quisiera saber es por qué ha cambiado tanto ahora.
—Pues para mi tranquilidad, si me haces el favor de tocar la campanilla para que venga Mary… Espera; mejor aún, me vas a hacer un favor: ve a la alcoba y tráeme la caja taraceada que hay en el estante de arriba de la alacena.
Al ver Anne a su amiga decidida, hizo lo que le pedÃa. Cogió la caja y se la puso delante; y la señora Smith la abrió, exhaló un suspiro, y dijo:
—Está llena de papeles de mi marido y de él: son una pequeña parte de lo que tuve que examinar cuando le perdÃ. La carta que busco se la escribió el señor Elliot antes de nuestro matrimonio; no sé por qué la guardó mi marido, porque en estas cosas era desordenado y despreocupado como la mayorÃa de los hombres. Y al revisar sus papeles, la encontré con otras sin importancia de personas de todas partes; en cambio habÃa cartas y anotaciones de importancia que habÃan desaparecido. Aquà está. No quise quemarla porque, aunque estaba disgustada con el señor Elliot, decidà conservar todos los testimonios de la antigua amistad entre los dos. Ahora tengo otro motivo para alegrarme de poder enseñarla.