Persuasion & Sanditon

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Elizabeth sufrió durante unos momentos. Se daba cuenta de que debía pedir a la señora Musgrove y cuantos la acompañaban que se quedasen a cenar con ellos, pero no soportaba que quienes habían estado siempre por debajo de los Elliot de Kellynch comprobasen la falta de lujo, la reducción de la servidumbre que una cena pondría de manifiesto. Dentro de ella luchaban la corrección y la vanidad. Pero se impuso la vanidad, y Elizabeth volvió a sentirse contenta. Su razonamiento fue el siguiente: «Eso son ideas anticuadas, hospitalidad campesina; nosotros no tenemos por norma dar cenas; en Bath lo hacen pocos. Lady Alicia no lo hace nunca; ni siquiera invitó a la familia de su hermana, aunque estuvieron aquí un mes. Y quizá sea poco oportuno para la señora Musgrove; quizá le resulte fuera de lugar. Seguro que no vendría; no se siente a gusto con nosotros. Los invitaré a una velada; será mucho mejor; será una novedad y todo un regalo. Aún no han visto estos salones. Les encantará venir mañana por la noche. Será una fiesta familiar: pequeña, pero de lo más elegante». Y esto la dejó satisfecha; y cuando comunicó la invitación a los dos que estaban presentes, y prometió extenderla a los ausentes, Mary se sintió completamente feliz. Se le pidió especialmente que fuera para conocer al señor Elliot y ser presentada a lady Dalrymple y a la señorita Carteret, que afortunadamente habían prometido ya asistir; y no podía Mary haber recibido atención más halagadora. La señorita Elliot tendría el honor de pasar por casa de la señora Musgrove en el transcurso de la mañana, y Anne se fue a continuación con Charles y Mary a ver a Henrietta.


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