Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Por mi parte no hay prisa. En cuanto termines, estoy listo. Me encuentro en buen fondeadero, aquà —sonriendo a Anne—, bien pertrechado y sin ninguna falta. No hay prisa en recibir señales. Pues bien, señorita Elliot —bajando la voz—, como iba diciendo, creo que nunca nos pondremos de acuerdo sobre ese punto. Ni es probable que se pongan de acuerdo un hombre y una mujer. Pero permÃtame que le diga que la historia, y la literatura, sea en prosa o en verso, están contra usted. Si yo tuviese la memoria de Benwick, aportarÃa docenas de citas en apoyo de mi tesis. Creo que no he abierto un libro en mi vida que no contenga algún pasaje sobre la inconstancia femenina. Las canciones y los proverbios hablan por igual de la veleidad de las mujeres. Pero tal vez, dirá usted, porque los han escrito los hombres.
—Tal vez, desde luego. Asà que, por favor, no me ponga ejemplos de los libros. Los hombres han tenido toda clase de ventajas sobre nosotras a la hora de contar su historia. Su educación ha sido siempre muy superior; la pluma ha estado en sus manos. No acepto que los libros prueben nada.
—Entonces, ¿cómo podemos probar una cosa?