Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —¡Ni una lÃnea de Sidney! —dijo—. Es un perezoso. Le escribà contándole mi accidente en Willingden y creà que se dignarÃa contestarme. Pero tal vez eso significa que va a venir. ConfÃo en que asà sea… Pero aquà hay carta de una de mis hermanas. Ellas nunca fallan. En lo que toca a correspondencia, las mujeres son las únicas en las que se puede confiar. A ver, Mary —sonriendo a su esposa—, antes de abrirla: ¿cómo imaginamos que se encontrarán de salud sus autoras?… O mejor: ¿qué dirÃa Sidney si estuviese aquÃ? Sidney es un frescales, señorita Heywood. Y asegura que buena parte de las dolencias de mis hermanas son imaginación; pero no es verdad, o no del todo. Tienen una salud delicada, como ya nos ha oÃdo comentar muchas veces, y son propensas a muy graves trastornos. A decir verdad, creo que no han tenido un solo un dÃa en que no les haya dolido nada; y a su vez son mujeres tan dispuestas y de tanto carácter que, cuando se trata de colaborar, ponen tanto empeño en su esfuerzo que causan una impresión extraordinaria a quienes no las conocen bien. En realidad carecen de afectación. Lo que pasa es que tienen una constitución más débil y un espÃritu más fuerte de lo que se suele ver por ahÃ, tanto junto como separado. Y siento decir que mi hermano menor, que vive con ellas y tiene poco más de veinte años, es casi tan inválido como ellas. Está tan delicado que es inútil para cualquier profesión. Sidney se rÃe de él; pero no es ninguna broma. Aunque Sidney hace a menudo que me rÃa de ellos a mi pesar. Bueno, si estuviese aquà apostarÃa a que Susan, Diana o Arthur cuentan en esta carta que han estado al borde de la muerte este mes pasado.