Persuasion & Sanditon

Persuasion & Sanditon

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Leyó: «Querido Tom: Hemos sentido mucho tu accidente, y si no fuera porque dices que has caído en tan buenas manos, habría corrido a tu lado contra viento y marea al día siguiente de recibir tu carta, aunque me cogió en medio de un agravamiento más fuerte de lo normal de mi vieja afección biliar, y apenas soy capaz de arrastrarme de la cama al sofá. Pero ¿cómo te han tratado? Cuéntame más detalles en la próxima. Si es efectivamente una simple torcedura, como tú la llamas, lo más sensato habría sido una friega, una friega con las manos tan sólo, suponiendo que te la dieran inmediatamente. Hace dos años, estaba yo de visita en casa de la señora Sheldon cuando su cochero se torció casualmente el pie limpiando el coche y a duras penas fue capaz de llegar cojeando a la casa; pero gracias a la inmediata aplicación de una friega persistente (le froté el tobillo con mis propias manos durante seis horas seguidas), se puso bien a los tres días. Te agradezco mucho, querido Tom, tu amabilidad con nosotras, poniéndonos al corriente con tanto detalle de tu percance. Pero te ruego que no vuelvas a exponerte al peligro buscando un boticario para nosotras, pues aunque hubieras reclutado para Sanditon al hombre más experimentado de su profesión, no sería ninguna garantía para nosotras. Hemos roto completamente con la tribu médica entera. Hemos estado visitando un médico tras otro en vano, hasta que hemos llegado a la conclusión de que no pueden hacer nada por nosotras y debemos confiar en el conocimiento que tenemos de nuestra precaria condición para cualquier alivio. Pero si consideras aconsejable por el interés del pueblo llevar un médico ahí, me ocuparé encantada de ese encargo, y no te quepa ninguna duda de que lo cumpliré. Puedo poner inmediatamente toda la carne en él asador. En cuanto a ir a Sanditon, me es del todo imposible. Lamento decir que no me atrevo a intentarlo: mi intuición me dice que en mi estado actual el aire marino sería probablemente la muerte para mí. Y ninguno de mis queridos compañeros me dejará, como tampoco les animaré yo a que vayan a pasar contigo un par de semanas. Porque dudo sinceramente de que los nervios de Susan resistan ese esfuerzo. Lleva soportando un dolor de cabeza y seis sanguijuelas al día desde hace diez; aunque la alivian tan poco que hemos creído conveniente cambiar de tratamiento, y hemos llegado a la conclusión, después de meditarlo, de que gran parte del mal le viene de las encías, así que la he convencido de que ataque el mal por ahí. Total, que le han extraído tres muelas y ha mejorado sensiblemente, aunque tiene los nervios bastante alterados. Apenas si puede hablar en susurros, y se ha desmayado dos veces esta mañana al intentar el pobre Arthur reprimir su tos. Él, me alegra poder decirlo, se encuentra relativamente bien, aunque más débil de lo que yo quisiera; y temo por su hígado. De Sidney no sé nada desde que estuvisteis los dos en la capital, pero infiero que no ha llevado a cabo su plan de ir a la isla de Wight; de lo contrario le habría visto de paso. Deseamos muy sinceramente que paséis un buen verano en Sanditon, y aunque no podemos contribuir personalmente a tu Beau Monde, hacemos cuanto podemos por enviarte personas de merecimiento: creo que seguramente podremos mandarte dos familias numerosas, una de un rico indiano de Surrey, la otra de un respetabilísimo internado o academia de señoritas, de Camberwell. No quieras saber la de intermediarios que he utilizado en esto: una complicación. Pero el éxito compensa de sobra. Un cariñoso abrazo».


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