Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon Colocándose a su lado, pareció pretender apartarla lo más posible del resto del grupo y dedicarle por entero su conversación. En un tono de gran gusto y sentimiento, empezó hablando del mar y de la playa, y siguió expresando con energía todas las frases que se suelen decir para alabar su sublimidad, y describir las indescriptibles emociones que despiertan en un espíritu sensible. La terrible grandiosidad del océano en una tempestad, su espejeante superficie en una calma, sus gaviotas y su hinojo marino, la profundidad de sus abismos, sus cambios violentos, sus engaños espantosos, sus marineros tentándolo al sol y anonadados por el súbito temporal, todo lo tocó de manera vehemente y elocuente, bastante manida quizá, aunque sonaba muy bien oyéndolo de labios de un apuesto sir Edward. Y Charlotte no pudo por menos de considerarle un hombre de sentimiento… hasta que empezó a asombrarla con el número de sus citas y lo sorprendente de sus frases.
—¿Recuerda —dijo— los hermosos versos de Scott sobre el mar? ¡Ah, cómo lo describen! Jamás se me van del pensamiento cuando paseo por aquí. ¡Quien sea capaz de leerlos sin conmoverse ha de tener los nervios de un asesino! Dios me guarde de topar desarmado con un hombre así.
—¿A qué descripción se refiere? —dijo Charlotte—. En este momento no recuerdo ninguna sobre el mar, en los poemas de Scott.