Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon —Muy bien, querida; eso es hablar con sensatez —exclamó lady Denham—. ¡Y ojalá podamos traer a Sanditon una joven heredera! ¡Pero son monstruosamente escasas! Yo creo que no hemos tenido una heredera, ni una coheredera, desde que Sanditon se ha vuelto popular. Aquà vienen familias y más familias, pero por lo que sé, no hay una entre cien que tenga verdaderas propiedades. O son clérigos, o son abogados de la capital, o funcionarios de media paga, o viudas que sólo cuentan con la pensión de viudedad. ¿Y qué beneficio puede traer esa gente, aparte de ocupar nuestras casas vacÃas?… Y entre nosotras: creo que son estúpidos por no quedarse en sus casas. Ahora, que ojalá lográramos que mandasen aquà a una joven heredera por motivos de salud (y le prescribiesen beber leche de burra, cosa que yo le podrÃa facilitar), y en cuanto se pusiese bien, se enamorase de sir Edward.
—SerÃa efectivamente una suerte.
—Y la señorita Esther deberÃa casarse con alguien adinerado también. Tiene que pescar un marido rico. ¡Ah, una joven dama sin dinero es digna de lástima! Pero —tras una pausa— si la señorita Esther se cree que va a conseguir que los invite a pasar unos dÃas en Sanditon House se va a llevar un chasco. Las cosas han cambiado del verano pasado a aquÃ. Ahora tengo a la señorita Clara, lo que es muy distinto.