Persuasion & Sanditon

Persuasion & Sanditon

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—Susan lo ha soportado maravillosamente. No había pegado ojo ni la noche antes de ponernos en camino, ni anoche en Chichester; y como eso en ella no es tan corriente como en mí, me tenía muy recelosa… Pero ha aguantado maravillosamente, sin histerismos de importancia, hasta que hemos tenido a la vista el pobre y viejo Sanditon; y aun entonces, el ataque no ha sido demasiado violento: casi se le había pasado cuando llegamos a vuestro hotel. Así que la hemos bajado del coche muy bien, con la sola ayuda del señor Woodcock. Y cuando la he dejado, estaba dirigiendo el traslado del equipaje y ayudando al viejo Sam a deshacer los baúles. Os manda todo su cariño, con mil excusas por no haber podido venir. Y en cuanto al pobre Arthur, no es que no le haya apetecido, sino que hace tanto viento que ha pensado que no podía arriesgarse a venir. Porque estoy segura de que le está rondando un lumbago, así que le he ayudado a ponerse el gabán y le he mandado a la Terraza, a que tome posesión de las habitaciones. La señorita Heywood ha tenido que ver nuestro coche delante del hotel. He adivinado que era la señorita Heywood en cuanto la he visto delante de mí en la colina. ¡Mi querido Tom, me alegro muchísimo de verte andar tan bien! Deja que te toque el tobillo. Está bien; está pero que muy bien. Tienes muy poco afectado el movimiento de los tendones: apenas se nota. Bueno; y ahora os voy a explicar por qué estoy aquí. En mi carta os hablaba de las dos familias numerosas que me proponía mandaros: los indianos y el internado.


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