Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon La casa en la que la señorita Diana Parker tuvo la satisfacción de acomodar a sus nuevas amigas estaba en el extremo de la Terraza, y dado que desde enfrente dominaba el recorrido favorito de todo el que visitaba Sanditon, y desde un lado lo que ocurría en el hotel, el sitio no podía ser más favorable para el retiro de las señoritas Beaufort. Así que, bastante antes de que estuvieran provistas de instrumento y de papel de dibujo, dadas sus frecuentes apariciones en las ventanas bajas de la planta superior para cerrar y abrir las persianas, regar un tiesto del balcón o mirar al vacío con un catalejo, habían hecho que muchos ojos se sintieran atraídos hacia arriba, y que muchos mirones volvieran a mirar.
Cualquier pequeña novedad tiene un efecto grande en un pueblo tan pequeño; las señoritas Beaufort, que en Brighton no habrían sido nada, no podían salir sin llamar la atención; y hasta el señor Arthur Parker, poco dispuesto a hacer esfuerzos extras, cada vez que iba a ver a su hermano, salía siempre de la Terraza por delante de esta casa del final, a fin de ver a las señoritas Beaufort, aunque esto le suponía un rodeo de casi medio kilómetro y añadía dos tramos de escalinata a la subida a la colina.