Persuasion & Sanditon
Persuasion & Sanditon El primer alivio fue la llegada de su cuñado: él se ocuparía mejor de su esposa; y el segundo, la del médico. Hasta que no llegó éste y reconoció al niño, los temores fueron peores por inconcretos: recelaban un daño grande, aunque no sabían dónde. Pero ahora el señor Robinson colocó la clavícula inmediatamente en su sitio; y aunque palpaba y palpaba, y friccionaba, y su expresión era grave, y hablaba en voz baja al padre y a la tía, todos esperaron lo mejor, y poder marcharse a cenar con relativa tranquilidad; luego, poco antes de despedirse, las dos jóvenes tías fueron capaces de dejar el tema del estado del sobrino e informar de la visita del capitán Wentworth: se quedaron cinco minutos más que sus padres para contar la buenísima impresión que les había causado, ¡cuánto más apuesto, cuán infinitamente más simpático les parecía que el caballero que hasta ahora habían tenido por predilecto de entre los conocidos, cuánto les alegró oír a papá pedirle que se quedase a cenar, cuánto sintieron oírle decir a él que no podía ser, y qué alegría después cuando, en respuesta a las insistencias de papá y mamá, prometió ir a cenar al día siguiente con ellos! ¡Al día siguiente mismo! ¡Y lo había prometido encantadísimo, como si supiese el motivo de todas estas atenciones! ¡Y en resumen, habían encontrado en su ademán y sus palabras tan exquisita gracia que las dos aseguraban sentirse trastornadas! Y dicho lo cual se fueron corriendo, rebosantes de alegría y amor, y con el pensamiento más puesto en el capitán Wentworth que en el pequeño Charles.