Persuasión
Persuasión —¡Oh, no, nunca! Prefiere tocar. Jamás se cansa de hacerlo.
En otro momento él se acercó y le habló. Anne acababa de levantarse del piano, por haber terminado el baile, y él se sentaba, procurando mostrar una actitud que indicase a los Musgrove su deseo de descansar. Anne se encaminó distraídamente hacia el lugar donde él estaba, y en cuanto la vio se puso de pie y dijo con estudiada cortesía:
—Perdone usted, señorita, éste era su sitio.
Y aunque ella retrocedió al instante, como negándolo, no hubo modo de que el capitán volviera a sentarse.
Anne tuvo bastante con aquellas miradas y aquellas palabras. Nada podía haber peor para ella en ese instante que tanta actitud ceremoniosa y gélida amabilidad.