Persuasión
Persuasión Tiempo atrás el capitán Benwick había sido teniente de navío del Laconia, y las noticias que de él había dado Wentworth a su regreso de Lyme, los calurosos elogios que de él hiciera como excelente muchacho y como oficial siempre merecedor de su más alta estima, que ya le habían granjeado el aprecio de todos, tuvieron un sugestivo remate con cierta narración acerca de su vida privada, que lo hizo singularmente interesante a los ojos de las damas. Había sido prometido de una hermana del capitán Harville, cuya pérdida lloraban ahora. Uno o dos años pasaron los novios en espera de la fortuna o del ascenso. Vino la fortuna, pues los ingresos como primer teniente fueron grandes; llegó también el ascenso, pero ella no vivió para saberlo. Había muerto el verano anterior, mientras su novio se hallaba embarcado. Wentworth no creía que existiese un hombre más enamorado de lo que Benwick había estado de Fanny Harville, ni que se sintiese más abatido por la triste muerte de la amada. Frederick veía en él, en suma, a uno de esos hombres que sufren amargamente y que, dotados de gran sensibilidad, tienen costumbres pacíficas, severas y retraídas, afición decidida a la lectura e inclinación a las ocupaciones sedentarias. Acabó el dramático relato diciendo que la amistad de aquel hombre con los Harville se había hecho más íntima a partir del doloroso suceso que había roto las esperanzas de contraer parentesco, y que Benwick vivía desde hacía un tiempo con ellos. Harville había alquilado aquella casa por medio año, pues sus gustos, su salud y sus medios lo llevaban a tomar una residencia que fuese económica y estuviera situada junto al mar; esto sin contar con que la belleza de la región y el recogimiento propio de Lyme durante el invierno parecían perfectamente adecuados al estado de ánimo de Benwick. La simpatía y el sentimiento de afecto que despertó en Benwick fueron extraordinarios.