Persuasión
Persuasión Anne y Henrietta, que a la mañana siguiente fueron las más madrugadoras, convinieron en dar un paseo hasta el mar antes del desayuno. Llegaron a la playa para contemplar la marea, que venÃa a impulsos de una ligera brisa del suroeste y que tenÃa toda la grandeza compatible con la suavidad de la costa. Elogiaron la belleza de la mañana, dedicaron al mar gloriosas alabanzas, coincidieron en el placer que les causaba aquella fresca brisa… y callaron. De pronto, Henrietta dijo:
