Persuasión
Persuasión Más de una vez Anne sonrió interiormente en el curso de aquella parrafada, y terció en el asunto dispuesta a hacer el bien, tanto por lo que afectaba a los sentimientos de la joven, como por lo que importaba a los del muchacho, aunque el acto moral no era muy meritorio, porque ¿qué podía hacerse respecto a eso más que mostrar la más absoluta aquiescencia? Así pues, se limitó a decir todo lo que consideró razonable y propio del caso, reconoció el derecho que al descanso tenía el doctor Shirley, coincidió en que era de desear que el doctor eligiese a algún joven laborioso y respetable para adoptarlo como cura residente, y llevó su cortesía hasta el punto de indicar la conveniencia de que el tal cura residente fuera un hombre casado.
—Yo desearía —dijo Henrietta, muy complacida con la actitud de su interlocutora— que Mrs. Russell viviese en Uppercross y se relacionara con el doctor Shirley. Siempre he oído decir que es una mujer que ejerce gran ascendiente sobre todo el mundo, y la he considerado capaz de convencer a cualquiera de cualquier cosa. Por supuesto, le tengo miedo, como ya creo habérselo dicho a usted; tengo miedo de ella por lo inteligente que es, pero la respeto e incluso la admiro, y quisiera que fuera nuestra vecina en Uppercross.