Persuasión
Persuasión —Es un modo muy extraño de cortejar a una muchacha eso de romperle la cabeza. ¿No es verdad, miss Elliot? Es dar el golpe para poner la venda.
Esta divertida salida del almirante no se avenÃa ciertamente con la seriedad de Mrs. Russell, pero a Anne le encantaba, pues era un reflejo de la irresistible sencillez de carácter de aquel hombre.
—Debe de ser ahora extraño para ustedes —prosiguió el almirante, tras reflexionar por un instante—, el venir a vernos. Confieso que no se me habÃa ocurrido, pero debe de ser incluso desagradable. Por eso les pido, por favor, que no hagan cumplidos y que, si lo desean, recorran las habitaciones.
—En otra ocasión, señor, muchas gracias.
—Bueno, como quieran. Siempre pueden entrar por el bosque. Ya habrán advertido que nosotros tenemos las sombrillas colgadas de esta puerta. ¿No es mal sitio, verdad? Aunque imagino que el lugar no les parecerá el adecuado, porque ustedes las dejaban siempre ante la puerta de la despensa. En fin, cada familia tiene sus costumbres, y todos preferimos las nuestras. Ya me dirá si desea o no recorrer la casa.
Anne creyó conveniente una vez más declinar la invitación.