Persuasión
Persuasión Pero Anne estaba muy lejos de compartir esas gratas impresiones. Aunque no lo confesara, Bath le repugnaba. La visión de aquellos oscuros edificios bajo la lluvia hizo que no desease mirarlos otra vez. Le parecía que cruzaban las calles con una rapidez que no guardaba relación con el disgusto que la embargaba, porque ¿quién se alegraría de verla llegar? No podía evitar recordar con dulce nostalgia los ecos de Uppercross y el apacible retiro de Kellynch.
La última carta de Elizabeth contenía muchas noticias interesantes. Mr. Elliot se encontraba en Bath. Había visitado varias veces la casa de Camden Place, y si Elizabeth y su padre no se engañaban, era tanto el afán con que había procurado reanudar el trato y tan ostensible el aprecio que hacía del parentesco, como notorio había sido el desdén que antes había mostrado.
De ser esto cierto, era maravilloso, y Mrs. Russell se sentía tan gratamente intrigada y presa de la duda, que ya se disponía a retractarse de haber declarado a Mary que no deseaba volver a ver a Mr. Elliot. Porque en realidad deseaba con vehemencia conocerlo, y pensaba que si aquel hombre pretendía la reconciliación, cual sumiso vástago de la rama colateral, bien merecía que se le perdonara el haberse desgajado del tronco.