Persuasión
Persuasión La casa que sir Walter había tomado en Camden Place era soberbia y majestuosa, como correspondía a una persona de su importancia, y tanto él como Elizabeth estaban muy satisfechos de ella.
Anne entró en la mansión con el corazón sobrecogido por la tristeza. Presentía una reclusión de muchos meses y se decía: «¡Oh, cuándo saldré de aquí!» Sin embargo, en la bienvenida que le dieron observó una cordialidad inesperada, que le hizo mucho bien. Tanto Elisabeth como su padre se mostraron contentos de volver a verla, aunque no fuera más que por el gusto de enseñarle la casa, el mobiliario y la decoración. Además, siempre era preferible ser cuatro en la mesa.
Mrs. Clay se mostraba muy complaciente y pródiga en sonrisas, aunque, a decir verdad, sus cumplidos y sonrisas eran cosa descontada. Anne adivinó lo que encontraría a su llegada, de modo que aquella conducta no la impresionó en absoluto. Reinaba entre todos un humor excelente, cuyas causas no tardaría en descubrir. No se advertía en ellos la menor curiosidad por escucharla, y, después de esperar inútilmente que se les rindiese el homenaje de saber que todos en Kellynch habían lamentado su ausencia, hicieron algunas preguntas indiferentes y empezaron a hablar entre sí. No mostraban ningún interés por Uppercross, y apenas por Kellynch; para ellos no existía otro lugar que Bath.