Persuasión
Persuasión A Anne se le ocurrió que la única explicación era que debía de sentirse atraído por Elizabeth.
Era probable que en otro tiempo le hubiese gustado, pero habiéndolo llevado las circunstancias por distinto derrotero, ahora que era dueño de seguir su propio camino, quizá se propusiera solicitar su atención.
Elizabeth era verdaderamente bonita, elegante y distinguida, y en cuanto a su modo de ser, él no había tenido ocasión de conocerla a fondo, pues sólo la había tratado en público y cuando aún era muy joven. Ahora bien, ¿hasta qué punto podría el temperamento de Elizabeth resistir el análisis de un hombre ya maduro? Este era, sin duda, otro extremo a tener en cuenta, y no poco, por cierto. Anne deseaba con vehemencia que si Elizabeth era la meta de sus anhelos, él no fuese tan delicado ni observador. Y que Elizabeth se lo había llegado a creer, así como que su amiga, Mrs. Clay, fomentaba tales ilusiones, estaba más que comprobado por las miradas significativas que cambiaron cuando hablaban de las frecuentes visitas de Mr. Elliot.
Anne refirió las visiones fugaces que había tenido de él en Lyme, pero apenas si se le hizo caso.
—¡Oh, sí, tal vez se tratara de Mr. Elliot!
No podían asegurarlo. Puede que fuera él… Pero no la dejaban describirlo siquiera. Ellos mismos lo hacían, sobre todo sir Walter. Mencionaba su porte caballeresco, su elegancia, su buen ver y su dulce mirada.