Persuasión
Persuasión Hubo en estas palabras tan notoria vehemencia, que no extrañó a Anne que Mrs. Clay advirtiese la mirada que le dirigió a su hermana. La expresión de ésta parecía denotar cierta actitud expectante; pero aquel homenaje a la firmeza del instinto de la viuda no despertó en Elizabeth la menor desconfianza. Mrs. Clay no pudo evitar rendirse a aquella súplica y prometió no abandonar la casa por el momento.
La casualidad quiso que aquella mañana Anne se quedara a solas con su padre, quien empezó a elogiarla y felicitarla por encontrar su semblante notablemente mejorado. La hallaba menos demacrada, su piel le parecía más blanca, tersa y fresca.
¿Había tomado alguna medicina? No, nada.
—¿Ni siquiera…?
—No, absolutamente nada…
Aquello lo dejó maravillado. Enseguida exclamó:
—Pues si es así, no hay más que desear, porque no debes aspirar a estar mejor que bien; pero si así no fuera, te recomiendo que en primavera te acostumbres a usar loción de Gowland. Mrs. Clay la ha empleado siguiendo mi consejo y ya ves los resultados. Fíjate cómo le han desaparecido las pecas.