Persuasión
Persuasión Sólo en una ocasión había visto sir Walter al difunto vizconde, pero no conocía a ningún otro miembro de la familia, y la dificultad del caso provenía de que la correspondencia protocolar entre ambas casas se había interrumpido totalmente desde la muerte del mencionado vizconde, pues por haber coincidido con una grave enfermedad de sir Walter se había cometido en Kellynch una omisión imperdonable al no enviar a Irlanda carta de pésame alguna. Pronto cayó aquel olvido sobre la cabeza del mismo culpable, pues a la muerte de la pobre Mrs. Elliot tampoco se recibió en Kellynch nota de condolencia, y había motivo sobrado para presumir que los Dalrymple consideraban rotas las relaciones. Cómo se arreglaría este malentendido y cómo se las compondrían para que los admitiesen de nuevo en su calidad de primos constituía el serio problema que incluso preocupaba a Mrs. Russell y a Mr. Elliot, aunque de forma más discreta. «Las relaciones familiares deben conservarse, y no está de más procurar la sociedad de las personas de calidad.» Mrs. Dalrymple había arrendado una casa en Laura Place, donde pensaba instalarse como la persona distinguida y aristocrática que era.
El año anterior también había estado en Bath, y Mrs. Russell había oído hablar de ella como de una mujer encantadora. Era deseable, pues, que la relación entre los parientes se reanudase, siempre que pudiera lograrse sin compromiso ni detrimento de los Elliot.