Persuasión
Persuasión Hubo un tiempo, le explicó Mrs. Smith, en que estuvo a punto de desfallecer. Si se comparaba su estado físico con el que tenía al llegar a Bath, no podía considerarse inválida. Entonces sí que había sido digna de compasión, pues como había contraído un fuerte catarro durante el viaje, se vio obligada a guardar cama a poco de instalarse en sus habitaciones. Aquejada de dolores constantes, se encontraba sola entre personas extrañas; necesitaba una alimentación cuidada y especial, y se veía privada de la posibilidad de hacer gestos extraordinarios. Pero logró vencer también aquellas dificultades, y aún podía decir que aquellos momentos desesperados le habían servido para comprobar con satisfacción que se hallaba en buenas manos. Tenía suficiente experiencia como para confiar en afectos repentinos y desinteresados, pero su enfermedad le dio ocasión de cerciorarse de que la dueña de la casa era una buena mujer, que siempre se preocuparía por ella, y tampoco debía olvidarse la suerte que había tenido al contar con el cuidado de una hermana de la patrona, que era enfermera y se alojaba allí cuando estaba desocupada, como había ocurrido aquellos días, en que se había ocupado de atenderla.