Persuasión
Persuasión —¡Westgate Buildings! —exclamó—. ¿A quién debe visitar miss Elliot en Westgate Buildings? A una tal Mrs. Smith… Y ¿quién habÃa sido el marido de ésta? Uno de los cinco mil Smith cuyo nombre se encuentra por todas partes. Y ¿cuál es el atractivo de semejante amiga? El de ser una vieja enferma. ¡A fe mÃa que miss Anne Elliot tiene gustos bien raros! Todo aquello que repugna a cualquiera, gente baja, viviendas horribles, aire viciado, compañÃas desagradables, a ti te encanta. Pero bueno, me parece que podrás dejar a esa anciana señora hasta mañana. Supongo que no estará tan en las últimas que no pueda esperar un dÃa más. ¿Qué edad tiene? ¿Cuarenta?
—No, aún no ha cumplido los treinta y uno. Pero me es imposible aplazar la visita, pues ésta es la única tarde de que tanto ella como yo disponemos hasta dentro de un tiempo. Mañana ella empieza a tomar las aguas, y ya sabes que nosotros tenemos comprometida toda la semana próxima.
—¿Y qué piensa Mrs. Russell de semejante amistad? —preguntó Elizabeth.
—No ve nada malo en ella —respondió Anne—; por el contrario, la aprueba, y casi siempre que he ido a casa de Mrs. Smith, ella misma ha pasado a recogerme.