Persuasión
Persuasión —¡Perdóname, Anne querida! —exclamó por fin con su acostumbrada cordialidad—; perdona el laconismo de mis respuestas, pero estoy perpleja. No dejo de meditar acerca de lo que discretamente puedo revelarte, porque son muchas las cosas que hay que tener en cuenta. La oficiosidad es siempre molesta, asà como lo es suscitar impresiones amargas y causar disgustos. Hasta la superficie tranquila con que a veces se manifiesta una paz familiar, debe respetarse por ficticia que sea. Sin embargo, estoy decidida, y creo que hago bien, a ponerte al corriente del verdadero carácter de Mr. Elliot. Aunque estoy convencida de que por el momento no tienes la intención de aceptarlo, ¿quién sabe lo que puede ocurrir el dÃa de mañana? Es posible que tus sentimientos hacia él cambien con el tiempo. Oye, pues, la verdad, ahora que te encuentras libre de prejuicios. Mr. Elliot es un hombre sin corazón ni conciencia; un ser cauteloso, sereno y cruel que sólo piensa en sà mismo, que por su interés y conveniencia personales es capaz de cualquier maldad y de cualquier traición, siempre que pueda cometerlas sin comprometer las apariencias. No vacila en desdeñar y abandonar sin remordimiento alguno a aquellos de cuya ruina es el responsable. La compasión y la justicia no significan nada para él.
El gesto de asombro de Anne y sus exclamaciones de sorpresa interrumpieron por un instante a Mrs. Smith, quien, ya más tranquila, prosiguió: