Persuasión
Persuasión —No se me ocurre a quién puede usted referirse, Shepherd —dijo sir Walter—; desde los tiempos de Trent, el viejo gobernador, no recuerdo que haya residido en Monkford caballero alguno.
—¡Vaya cosa más extraña! A este paso hasta me olvidaré de cómo me llamo. Les aseguro que conocÃa a ese caballero; lo vi unas cuantas veces. Vino a consultarme cuando pilló a un labriego robando manzanas de su huerto. Por cierto que ambas partes llegaron a un acuerdo, aunque en contra de mi parecer. ¡Es muy raro, en verdad!
Tras un momento de silencio, Anne apuntó:
—Me parece que se refiere usted a Wentworth.
—¡Wentworth, eso es! Como sir Walter recordará, Mr. Wentworth rigió hace un tiempo, y durante dos o tres años, el priorato de Monkford. Seguro que lo recuerda usted.
—¿Wentworth? SÃ, ya, Mr. Wentworth, el sacerdote de Monkford. Es que usted me despistaba con eso de «caballero». Yo creÃa que se referÃa usted a algún propietario. Mr. Wentworth no era nadie, me acuerdo perfectamente. Un hombre sin parientes, que no tenÃa ninguna relación con la familia de Strafford. Muchas veces me pregunto cómo es posible que apellidos de la nobleza se hagan tan corrientes.