Persuasión
Persuasión Por supuesto, nadie puso la menor objeción. Todo se redujo a moderar la alegría y a hacer un gesto de amable conformidad, al tiempo que íntimamente Anne y Frederick daban saltos de alegría. No había transcurrido medio minuto cuando Charles doblaba la esquina y dejaba a la pareja proseguir sola su camino. Las primeras palabras que cruzaron fueron para convenir en dirigirse hacia la avenida, donde a esa hora podrían caminar más tranquilos e inmortalizar aquellos momentos como fuente inagotable de recuerdos que llenarían de felicidad su futura existencia. Allí cambiaron aquellas mismas dulces promesas que en otro tiempo parecieron ser garantía de su dicha, pero que habían concluido en tantos años de alejamiento. Recordaron el pasado, al que la reconciliación confería encantos nuevos. Ahora se ofrecía ante sus ojos el porvenir más próspero y venturoso, más cercano y seguro, más firme y asequible, como fundado en el mutuo conocimiento de sus caracteres, en la evidencia de su amor libre de toda sombra, más sentido y cimentado en la realidad. Caminaban lentamente, indiferentes al ir y venir de los grupos de viandantes que se cruzaban con ellos, sin que lograran distraer sus miradas la charla atropellada de los vendedores y sirvientes ni el griterío de las niñeras gobernando sus rebaños de pequeñuelos; nada parecía capaz de turbar su diálogo, nutrido de mil recuerdos radiantes y de la alegría del momento. Los sucesos de la última semana fueron minuciosamente analizados, aunque no menos que los del pasado y el instante gozoso que vivían.