Persuasión
Persuasión —DeberÃa haber advertido la diferencia —replicó Anne—. No tenÃa usted derecho a desconfiar de mà ahora que mi edad y las circunstancias eran tan distintas. Si entonces procedà mal dejándome convencer, recuerde que lo hice mirando por mi seguridad y previendo un riesgo ciertamente posible. Y al someterme creÃa cumplir un deber; pero aquà el deber no se veÃa por ninguna parte, pues uniéndome a un hombre que me era indiferente me lanzaba a todos los peligros y violaba todos los deberes.
—Tal vez deberÃa haber pensado asà —repuso Wentworth—; pero no podÃa. No. Lo que conocÃa de usted no me permitÃa tener la menor esperanza. Yo estaba aplastado, sepultado, perdido entre las deducciones y pensamientos que año tras año habÃan agobiado mi alma. Yo no podÃa juzgarla más que como a una mujer que habÃa cedido, que me habÃa abandonado y que habÃa sucumbido a una influencia distinta de la mÃa. Además, en aquellos momentos la veÃa acompañada de la persona que habÃa guiado sus pasos durante aquel infausto año, y no habÃa razón para suponer que ya no tenÃa ascendiente sobre usted, pues más bien debÃa considerar que ya estaba acostumbrada a ello.
—Yo creÃa —dijo Anne— que el modo de expresarme y de tratarlo le habrÃa ahorrado todas esas suposiciones.