Persuasión
Persuasión ¿Quién dejará de adivinar lo que ocurrió después? Cuando a dos jóvenes se les mete en la cabeza casarse, su empeño es estímulo suficiente para salir adelante, por atolondrados y pobres que sean, y aun suponiendo que todo apunte a que estén condenados a ser infelices. Podrá considerarse como mínimo deficiente la moral de esta afirmación, pero no cabe duda acerca de su verdad y certeza. Y si partiendo de bases tan endebles puede darse por seguro el éxito del intento, ¿cómo dudar que el capitán Wentworth y Anne Elliot, en plena madurez de sus facultades intelectuales, conscientes de su indiscutible derecho y favorecidos por la feliz circunstancia de no depender económicamente de nadie, habrían de hallarse en condiciones de vencer cualquier oposición? Habrían vencido, en efecto, obstáculos mucho más formidables de los que se cruzaron en su camino, porque la fortaleza de su ánimo era aprueba de toda zozobra, siempre que no viniese a conmoverla una tormenta desencadenada en el cielo de su puro y acendrado amor.
Sir Walter no creyó necesario oponer la menor objeción, y Elizabeth se limitó a mirar el asunto con indiferencia y frialdad.
