Persuasión
Persuasión Anne se sintió tan ofendida por esta decisión y comprendió lo imprudente de la determinación con tanta perspicacia como Mrs. Russell. Dotada de una gran capacidad de observación y conociendo perfectamente el carácter de su padre, de lo cual con frecuencia se lamentaba, comprendía que aquella relación podía acarrear consecuencias funestas para la familia. No pensaba que por el momento se le ocurriese a su padre una cosa semejante. Mrs. Clay tenía la cara moteada de pecas, un diente medio salido y unas muñecas muy gruesas, sobre todo lo cual el baronet hacía frecuentes observaciones, en ausencia de ella, por supuesto; pero se trataba de una mujer joven, de aspecto en conjunto agradable, y poseía por su agudo entendimiento e insinuantes modales, atractivos mucho más peligrosos que los que pudiera atesorar una figura francamente agraciada. Anne se alarmó de tal manera ante aquel riesgo, que no dudó en intentar dárselo a entender a su hermana. Tenía poca esperanza en el éxito, pero creía que Elizabeth, quien de producirse la temida visita sería mucho más de compadecer que ella misma, al menos no tendría razón para reprocharle el no habérselo advertido.
Habló al fin con Elizabeth, pero ésta se mostró muy ofendida; no se explicaba que hubiera concebido tan absurda sospecha, y aseguró indignada que cada uno sabría ocupar la posición que le correspondía.