Persuasión
Persuasión Los Musgrove recibían muchas visitas y celebraban más fiestas y reuniones que cualquier otra familia en la comarca. Eran muy populares, y como a Henrietta y Louisa les encantaba bailar, raras eran las tardes que no acababan en un baile improvisado. Cerca de Uppercross vivían unos primos cuya situación era menos desahogada y que habían hecho de la casa de los Musgrove su centro de diversión. Venían a cada momento y tomaban parte en juegos y bailes. Anne, que prefería tocar el piano en esas ocasiones, interpretaba contradanzas y otras melodías. Esta disposición de su parte contribuía más que nada a que sus dotes musicales fueran reconocidas por Mr. y Mrs. Musgrove, y era causa frecuente de un elogio como éste: «¡Bien, Anne, muy bien! ¡Bendito sea Dios, cómo vuelan esos deditos!»
De este modo pasaron tres semanas. Llegó el día de san Miguel, y el corazón de Anne voló de nuevo a Kellynch. Aquel hogar ya era de otros. ¡Aquellas preciosas estancias y todo cuanto encerraban, aquellos jardines y arboledas empezaban a recrear otros ojos! Durante el día 29 de septiembre no pensó en otra cosa, y por la tarde, al fijarse Mary en la fecha, Anne recibió una grata impresión de ternura al oírle decir:
—Querida ¿no es hoy cuando los Croft pensaban instalarse en Kellynch? Me alegro de no haberlo recordado antes. ¡Cómo me entristece!