Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad La planeada excursión a Whitwell resultó muy diferente a la que Elinor había esperado. Se había preparado para quedar completamente mojada, cansada y asustada; pero la ocasión resultó incluso más desafortunada, porque ni siquiera fueron.
Hacia las diez de la mañana todos estaban reunidos en Barton Park, donde iban a desayunar. Aunque había llovido toda la noche el tiempo estaba bastante bueno, pues las nubes se iban dispersando por todo el cielo y el sol aparecía con alguna frecuencia. Estaban todos de excelente ánimo y buen humor, ansiosos de la oportunidad de sentirse felices, y decididos a someterse a los mayores inconvenientes y fatigas para lograrlo.
Mientras desayunaban, llegó el correo. Entre las cartas había una para el coronel Brandon. Él la cogió, miró la dirección, su rostro cambió de color y de inmediato abandonó el cuarto.
—¿Qué le ocurre a Brandon? —preguntó sir John. Nadie supo decirlo.
—Espero que no se trate de malas noticias —dijo lady Middleton—. Tiene que ser algo extraordinario para hacer que el coronel Brandon dejara mi mesa de desayuno de manera tan repentina.
A los cinco minutos se encontraba de vuelta.
—¿Espero que no sean malas noticias, coronel? —preguntó la señora Jennings no bien lo vio entrar en la habitación.
