Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad —No me falta prueba alguna de su afecto —dijo Elinor—, pero sà de su compromiso.
—A mà me bastan las que tengo de ambos.
—Pero ni una palabra le han dicho, ninguno de los dos, sobre esta materia.
—No he necesitado palabras donde las acciones han hablado por sà mismas con tanta claridad. Su comportamiento hacia Marianne y todas nosotras, al menos durante la última quincena, ¿acaso no ha hecho patente que la amaba y la consideraba su futura esposa, y que sentÃa por nosotras el afecto que se tiene por los parientes más cercanos? ¿No nos hemos entendido mutuamente a la perfección? ¿No ha solicitado a diario mi consentimiento a través de sus miradas, sus modales, sus atenciones afectuosas y llenas de respeto? Elinor, hija mÃa, ¿es posible dudar de su compromiso? ¿Cómo pudo ocurrÃrsete tal idea? Es imposible suponer que Willoughby, convencido como debe estar del amor de tu hermana, fuera a abandonarla, y quizá por meses, sin hablarle de su amor; imposible pensar que pudieran separarse sin intercambiar estas mutuas expresiones de confianza.
—Confieso —replicó Elinor— que todas las circunstancias excepto una hablan en favor de su compromiso, pero esa una es el total silencio de ambos sobre ello, y para mà casi anula todas las demás.