Sentido y sensibilidad
Sentido y sensibilidad De una ensoñación de este tipo a la que se había entregado mientras se encontraba sentada ante su mesa de dibujo, la despertó una mañana, poco después de la partida de Edward, la llegada de algunas visitas. Por casualidad se encontraba sola. El ruido que la puertecilla a la entrada del jardín frente a la casa hacía al cerrarse atrajo su mirada hacia la ventana, y vio un gran grupo de personas encaminándose a la puerta. Entre ellas estaban sir John y lady Middleton y la señora Jennings; pero había otros dos, un caballero y una dama, que le eran por completo desconocidos. Estaba sentada cerca de la ventana y tan pronto la vio sir John, dejó que el resto de la partida cumpliera con la ceremonia de golpear la puerta y, cruzando por el césped, le hizo abrir el ventanal para conversar en privado, aunque el espacio entre la puerta y la ventana era tan pequeño como para hacer casi imposible hablar en una sin ser escuchado en la otra.
—Bien —le dijo—, le hemos traído algunos desconocidos. ¿Le gustan?
—¡Shhh! Pueden escucharlo.
—Qué importa si lo hacen. Sólo son los Palmer. Puedo decirle que Charlotte es muy bonita. Alcanzará a verla si mira hacia acá.
Como Elinor estaba segura de que la vería en un par de minutos sin tener que tomarse tal libertad, le pidió que la excusara de hacerlo.